Efraín Huerta dedicó gran parte de su vida al periodismo, faceta que poco se conoce

Evolución México

  • El 3 de febrero se cumplen 38 años del fallecimiento del poeta guanajuatense

Enunciar “Efraín Huerta” no sólo es señalar a uno de nuestros poetas más eruditos dentro de la tradición literaria mexicana, sino traer a la memoria versos encendidos, irónicos, provocadores, políticos, “la vocación por la realidad más intensa y esencial”, señaló en alguna ocasión Carlos Montemayor. Pero, y a pesar de diversos estudios que le han dedicado al escritor guanajuatense, todavía “hay un Efraín Huerta que nos está esperando en el futuro”.

A propósito del 38 aniversario luctuoso de El Gran Cocodrilo (1914-1982), fallecido el 3 de febrero de 1982, el también poeta y traductor, David Huerta habló en breve entrevista sobre su padre y advirtió que “hay un Efraín Huerta que apenas se está conociendo: el prosista, el periodista, el ensayista, el articulista y el reportero.

“Efraín Huerta no sólo fue un poeta de diversas facetas, sino un hombre de múltiples intereses, entre ellos el arte caligráfico, el dibujo y la afición por el futbol, actividades privadas que cultivó a lo largo de su vida. Tenía muy buena letra. En la familia se conservaron por muchos años cuadernos en los que registraba pasajes de los libros que leía, algunos poemas suyos y cartas a mi madre (Mireya Bravo) que son verdaderas joyas caligráficas, y había algunos dibujos.”

David Huerta comentó que como dibujante, su papá tuvo su primer trabajo en la ciudad de León, Guanajuato, donde hacia dibujos en papeles traslúcidos de algunos negocios que se proyectaban en los intermedios de las funciones de cine. Además, registró en un cuaderno sus lecturas entre 1935 y cuarenta y tantos, con una caligrafía admirable.

Sobre el futbol, el autor de Incurable y El correo de los narvales recordó que su padre compartió ese gusto con él. En los años cincuenta fueron, quizá, a cientos de partidos al estadio y escuchaban encuentros de la Copa del Mundo por radio, cuando las transmisiones directas por televisión a color eran inconcebibles. Y aunque a veces escribía sobre futbol, por ejemplo un ensayo para la revista Espejo que luego se recogió en algunos libros, no hacía pública su afición a este deporte.

El Efraín que no conocemos

Dentro de las actividades que cultivó Efraín Huerta, una que todavía no es tan conocida es la de periodista, a la cual le dedicó gran parte de su vida. Era un prosista exquisito que escribía todos los días en la redacción del periódico sobre cine, entrevistas, a veces hacía la nota roja o tenía columnas con firmas pseudónimas sobre la realidad política mundial y nacional. Abordó prácticamente todos los temas y géneros periodísticos de su actualidad. Era un periodista completo y esa profesión le dio de comer durante 50 años, comentó David Huerta.

Fue presidente de la asociación de Periodistas Cinematográficos de México (Pecime) y durante los cincuenta y sesenta fue su actividad principal en el periodismo, aunque también en el periódico El Día publicó columnas literarias. Además obtuvo el Premio Xavier Villaurrutia 1975; el Nacional de Poesía 1976 y el Nacional de Periodismo 1978, entre otros.

Huerta señaló que, a raíz del centenario del natalicio de El Gran Cocodrilo en 2014, el Fondo de Cultura Económica publicó uno de los libros que reúne los textos periodísticos y en prosa de su padre: El otro Efraín. Antología prosística de Efraín Huerta, de Carlos Ulises Mata, investigador y escritor de la Universidad de Guanajuato.

“Como dice Carlos Ulises Mata, es el otro Efraín, el Efraín en prosa que conocemos mucho menos que al Efraín en verso. De esta faceta, hay otros libros compilados por Raquel Huerta-Nava que apenas se están conociendo, y hay investigaciones hemerográficas que aparecerán próximamente, como la de Sergio Ugalde Quintana para la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

“Ese Efraín Huerta en prosa, periodista, ensayista, articulista, reportero, es un Efraín Huerta que nos está esperando en el futuro. Vale la pena acercarse a él. Hay algunos materiales muy interesantes, como los mencionados, e irán apareciendo más.”

Una obra en apariencia fácil

Hay quienes señalan que los poetas oscuros son aparentemente cultos y los no tan oscuros —es decir, de fácil lectura— son, por consiguiente, no tan cultos. Y lo oscuro, en muchos casos, es equivalente a definir la maestría en el arte. Entre más oscuro, más maestro. De muchas maneras habría que matizar estas sentencias que describen poco el trabajo con las palabras, expresó David Huerta.

Para el ganador del Premio Nacional de Artes y Literatura 2015, si bien la obra de Efraín Huerta transita en ambos lados, ora claro e irónico, ora hermético y difícil, lo que sucede con su poesía aparentemente fácil —los poemínimos, por ejemplo— es que, si uno le rasca al poema, se descubre que en realidad hay más de lo que el primer sentido ofrece. Uno se halla frente a la tradición: breves composiciones líricas con figuras retóricas pulcramente trabajadas. Uno los disfruta a la primera, se ríe, pero si le rascas, se encuentran muchas cosas más.

David Huerta nos recuerda que la poesía de Efraín Huerta tiene vasos comunicantes con sor Juana, López Velarde, José Gorostiza, Luis de Góngora: “Los maestros de la poesía en español son el alimento normal de un poeta. Es un poco problemático decir que por leer a estos autores o estar cerca de ellos (ser culto), se está lejos de los lectores. No es así. Pensar que Efraín Huerta está cerca de la gente (porque es de fácil lectura), sólo toma en cuenta una época de su vida.

Añadió que Efraín Huerta tuvo muchas etapas: en una época estuvo cerca de Juan Ramón Jiménez o de Neruda; en otra se mantuvo próximo a las experiencias de la ciudad tal y como se transmitían en prosa, incluso opinó que la manera en que Efraín vivió la ciudad era un adelanto de la que muchos años después aparecería en las novelas de Carlos Fuentes, por ejemplo.

También se refirió a expresiones de varias personas que consideran que la obra de su padre está más cerca de la juventud. Sin embargo, para David Huerta los lectores jóvenes tienen cierto apego a una zona de su obra y los lectores de mayor edad a otras. “Hay una parte de la poesía de Efraín Huerta que resulta de fácil compresión a la primera: los poemínimos, los poemas coloquiales, los poemas en los que recrea el habla de la ciudad, que tienen un atractivo inmediato para los jóvenes, para cualquier lector, pero hay zonas de su poesía que resulta compleja, porque nunca renunció a la complejidad, como El Tajín, y ambas etapas se tocaron, mientras escriba esa poesía en apariencia fácil, también escribía Avenida Juárez.

Finalmente, el Premio de Literatura en Lenguas Romances 2019 hizo recomendaciones para entrarle a la obra de El Gran Cocodrilo: “Porque Efraín Huerta es un poeta clásico, parte del canon literario mexicano, contamos con una Poesía Completa publicada por el Fondo de Cultura Económica, que también publicó el libro de Carlos Ulises Mata. Estos dos libros permiten leer al poeta y al prosista.

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