Los paisajes de José María Velasco, símbolo de la identidad nacional

Evolución México

  • Este 26 de agosto se conmemora el 107 aniversario luctuoso del pintor, cuyo legado supera las 300 pinturas

José María Velasco realizó más de 300 pinturas durante su carrera profesional que se extendió por más de cuatro décadas, superando las enseñanzas de su maestro, el italiano Eugenio Landesio, renombrado artista europeo. También fue profesor de perspectiva y de paisaje de Diego Rivera. Su nombre no sólo se observa en calles de la Ciudad de México, también lo lleva una galería de arte enclavada en el Barrio de Tepito, cerca de donde vivió el célebre paisajista del siglo XIX.

Originario de Temascalcingo, Estado de México, José María Velasco nació el 6 de julio de 1840 y murió el 26 de agosto de 1912 en su casa de la Villa de Guadalupe, Hidalgo, luego de haber dejado un importante legado que en su mayoría resguarda, exhibe y difunde el Museo Nacional de Arte (Munal), compuesto por más de 190 óleos, acuarelas y dibujos.

El artista, reconocido por su apropiación visual del paisaje nacional y por la interpretación sugestiva del naturalismo científico, fue también estudioso de la zoología, la botánica, la geografía y la arquitectura, materias que le ayudaban a observar y aplicar lo aprendido en su obra.

Velasco se trasladó con su familia a la Ciudad de México en 1849 e ingresó a la escuela La Divina Providencia, donde descubrió su pasión por el dibujo. Años después ingresó a los cursos nocturnos de la Academia de Bellas Artes, mientras por las mañanas se dedicaba al negocio familiar: venta de rebozos.

A partir de 1858 pudo dedicarse por completo al estudio del arte. Ingresó a la Academia de San Carlos donde fue discípulo del italiano Eugenio Landesio, quien impartió clases en México. Con el tiempo, Velasco superó al maestro, pero cultivaron una amistad que derivó en un lazo más estrecho, ya que Landesio se convirtió en su padrino de bodas cuando se casó con María de la Luz Sánchez Armas, con quien tuvo 13 hijos, de los que sobrevivieron ocho.

Como estudiante, Velasco participó en un concurso que realizó la Academia en 1860, obteniendo el primer lugar por su cuadro Patio del Ex Convento de San Agustín. El premio fue una beca para continuar sus estudios, lo que le permitió dedicar todo su tiempo a la pintura.

El surgimiento de fábricas y trenes, en la segunda mitad del siglo XIX, no pasa desapercibido para el pintor, quien también registra los progresos tecnológicos de su época en cuadros como El cabrío de San Ángel (1862), en el cual una fábrica de altos muros y chimeneas contrasta con el aún paisaje campirano en el que se ve a un pastor con sus cabras, entre magueyes.

Su obra también sorprende al emperador Maximiliano, quien le entrega en 1868 una medalla de plata y un diploma por su obra La caza. Ese mismo año egresa de la Academia de San Carlos e inicia lo que será una productiva carrera profesional de más de 40 años en la que produce cerca de 300 pinturas, entre óleos, acuarelas, litografías, pinturas en miniatura, dibujos y retratos. También realiza investigaciones científicas sobre plantas y animales, sobresaliendo ajolotes y colibríes.

Montaje de obra maestra en Filadelfia

El Valle de México desde el cerro de Santa Isabel, pintada en 1875, es considerada una de sus obras maestras por la que obtuvo el primer premio en una exposición montada en Filadelfia, Estados Unidos, con motivo del centenario de esa ciudad, además de una medalla de plata de manos de Porfirio Díaz.

Su pasión por la botánica lo llevó a realizar una serie de estampas donde dibujó con detalle flora y fauna terrestre y marina de México, por lo que fue nombrado presidente de la Sociedad Mexicana de Historia Natural en 1881. También la arquitectura colonial despierta su interés, por lo que dedica un cuadro a la Catedral de Oaxaca en 1887.

En 1889 encabeza la delegación mexicana que viaja a Francia a la Exposición Universal de París y lleva consigo 60 de sus obras, las cuales causan tal admiración que el gobierno francés le otorga la condecoración de Caballero de la Legión de Honor. También acude a la Exposición Mundial Colombina de Chicago en 1893, con la que se festejaba el cuarto centenario del Descubrimiento de América.

José María Velasco desarrolló técnicas como transparencias, veladuras, colorido, innovó en la forma y la perspectiva. Su obra muestra un México próspero, a pesar de que le tocó vivir momentos de tensión política. Fue un gran nacionalista y deseaba que el mundo apreciara a través de sus obras la grandiosidad del país. En algunos de sus cuadros al lado de su firma aparece el nombre de México.

Su destitución como profesor en la Academia de San Carlos en 1903, por Antonio Rivas Mercado, le provocó gran tristeza que no pudo superar. Sin embargo, continuó con su actividad plástica hasta su muerte ocurrida el 26 de agosto de 1912. La historiadora del arte María Elena Altamirano Piolle, bisnieta de Velasco, es autora del libro Homenaje nacional. José María Velasco 1840-1912.

Galería José María Velasco, espacio para nuevos creadores

La Galería José María Velasco fue creada como un proyecto del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura para descentralizar el arte a través de la creación de tres galerías populares y acercar las expresiones artísticas contemporáneas a otros públicos.

Inaugurada el 7 de septiembre de 1951, con el nombre de José Clemente Orozco, la galería ubicada en Peralvillo número 55, dentro del Barrio de Tepito, es la única que sobrevive. Ocho años más tarde, en 1959, durante la inauguración de una exposición dedicada a pintores de Nuevo León, la galería cambió el nombre a José María Velasco.

El nuevo nombre fue un homenaje al paisajista decimonónico, quien vivió por algún tiempo en la avenida Peralvillo, cerca de La Villa, y una convocatoria a los habitantes de la zona para que siguieran su ejemplo, debido a que uno de los objetivos de la galería es el impulso a jóvenes artistas.

Con más de 67 años de existencia, la Galería José María Velasco es la ruta obligada de los artistas plásticos que van en ascenso, de los nuevos valores que inician con paso firme su trayectoria.

Actualmente la GJMV no cuenta con un acervo que le permita el montaje de exposiciones permanentes. Sin embargo, su programa de muestras temporales que realiza a lo largo del año le ha permitido ofrecer al espectador un panorama de las tendencias del arte mexicano contemporáneo en todas sus expresiones: pintura, grabado, escultura, dibujo, fotografía, arte conceptual, arte objeto, instalación, performance, video, grafiti y arte popular.

Además, cuenta con un programa enfocado en comunidades específicas y realiza acciones encaminadas a fomentar la vinculación con los habitantes de Tepito y sus alrededores con el fin de acercar el arte y la cultura a otros públicos.

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